201702.28
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¿Son rentables las farmacias rurales?

A menudo, escuchar el término farmacia rural nos lleva a pensar en algo antiguo, con un toque de melancolía pero en aspectos de rentabilidad poco positivo. De hecho, siempre se genera un debate alrededor de si las farmacias en el ámbito rural son interesantes o no como inversión. Hay quienes argumentan que son poco más que un gasto que tenemos que afrontar todos los ciudadanos debido a que no son viables económicamente, mientras que otros aseguran que se trata de un soporte sin el que el modelo sanitario no podría ser tan eficaz como lo es hoy. En Afinpa hemos querido echar un vistazo a este tema, desde un punto de vista objetivo y neutral.

Qué se conoce como farmacia rural

Lo normal es pensar en una farmacia rural como un despacho de farmacia en un pueblo. No obstante, ¿qué es un pueblo? ¿Es una zona en la que solo haya ganado y campo? ¿Una población que tenga los servicios básicos, pero no otros que se consideren a la altura de una ciudad como tal?

Según la ley, una farmacia rural es cualquiera que esté en una población de menos de 30.000 habitantes. Aunque la Sociedad Española de Farmacias Rurales (SEFAR), reduce la cantidad de habitantes a 5.000. También deberían tenerse en cuenta las infraestructuras que tiene la población.

Si tomamos en consideración lo que indica la ley, en 2013 había casi 9.000 farmacias rurales, la mitad si las definimos por el rasero de SEFAR.

¿Qué es una farmacia económicamente viable?

La respuesta puede ser obvia: una farmacia que tenga beneficios al final de un ejercicio. En la compra venta de farmacias se suele tomar este factor como uno de los que pueden determinar si un negocio es o no una buena inversión.

Si se tiene en cuenta esto, y analizando los números actuales, apenas mil de todas las farmacias que hay en España están dentro de la consideración de económicamente viables. Para el resto, el Estado tiene un sistema de compensación que maneja unos baremos para cubrir y hacer viable que una farmacia esté prestando servicio. La cantidad que recibe cada farmacia varía en función de los resultados que presenta.

El problema, según los que tienen una farmacia rural, es que la cantidad que maneja el Estado no es suficiente para mantener el negocio a flote.

Lo mejor y lo peor de las farmacias rurales

Con toda probabilidad, el punto más negativo de estas farmacias es que están a cargo de autónomos, a menudo el único sanitario que existe en el pueblo, y que a menudo tiene que renunciar a su bienestar personal para prestar servicio, sin esperar un aumento de ventas que rentabilice la farmacia.

Lo mejor es que son pocas en realidad las farmacias rurales que están dentro del último tramo de ayudas. La mayoría de ellas, sin llegar nunca a los números de una farmacia de ciudad, pueden mantenerse en positivo, teniendo en cuenta que aspectos como los costes del inmueble también son más bajos que en grandes núcleos de población.